La razón por la que muchas mujeres exitosas deben seguir creyendo en que el amor, existe.

Esta es la historia de como conocí al hombre que me hizo cambiar mi perspectiva del amor y de las relaciones en 360 grados.

No puedo dejar de contar esta historia, sin antes decir de donde vengo, de Paraguay, una tierra en donde las mujeres han sido parte fundamental de grandes batallas, durante la Guerra contra la Triple Alianza, gran parte de la población masculina había perecido, las mujeres cargaron con el peso de los cuerpos de sus maridos, hemanos, padres e hijos, posteriormente cargaron también con la responsabilidad en la recuperación del país.

Durante la post guerra, gradualmente empezó a arraigarse el machismo, que se extiende en gran medida hasta nuestros días, las mujeres debían repoblar el país, estaban sutilmente exigidas a tener muchos hijos y con el hombre que fuera. De ahí que el paraguayo tiene “la costumbre” de tener o querer tener más de una mujer siempre.

Al correr del tiempo, esa responsabilidad de “cuidar bien del hombre” siguió de generación en generación, inconcientemente propagada por las mismas mujeres, en la crianza de sus hijos.

En la actualidad, las mujeres paraguayas hemos evolucionado y somos nosotras las que nos damos el valor, somos mujeres fuertes, de carácter impetuoso muchas veces, activas, exitosas, independientes, pero casualmente solitarias o aceptando una pareja que no se encuentra a la par.

Yo llevaba soltera 33 años, practicamente toda mi vida, y si bien jamás me interesó ponerle “títulos” a las cosas, creo más bien fue porque que nunca nadie me había inspirado el deseo de dedicarle tiempo, robando a actividades como el trabajo, amistades o pasar con mi familia.

Hasta que en el 2.018 le conocí a un hombre que me hizo cambiar 360 grados la percepción del amor.

La historia de como nos conocimos, merece ser contada en otro artículo, pero a modo de contextualizar, lo conocí en Encarnación, en un bar (primer pre concepto eliminado, antes decía que en bares nunca se conoce a gente interesante), era un atractivo, alto y rubio australiano que venía de vacaciones, y si bien al principio yo no estaba interesada, con el tiempo y ciertas circunstancias, eso fue cambiando.

En ese entonces, tenía un inglés aceptable, pero no tan profundo para hablar de muchas cosas, y un detalle que hasta ahora recuerdo, es que el le pedía a mi amiga que me traduzca todo. Con ese simple gesto, Owen me demostró interés, y lo fue haciendo con muchas otras acciones más, que las iré resumiendo en aprendizajes.

Cuando un hombre quiere, encuentra la manera de hacerlo.

Yo estaba, como quizás el 99,9% de las mujeres, acostumbrada a justificar, si empezaba un filtreo o intento de relación y el hombre se desaparecía o aparecía solo fines de semana, con un “Hola, que hacés” yo lo justificaba, le daba nombres que no correspondía a su falta de interés.

O como muchas veces hacemos, aceptamos su “estoy cansado” o “la verdad es muy lejos” o muchas otras cosas, que terminan siendo excusa, porque cuando hay voluntad, no existen barreras.

Owen, viajó 12.000 km para pasar mi cumpleaños, y a pesar de no haberse dormido, estuvo en el festejo, dormitando en la silla pero queriendo compartir conmigo.

Un hombre de verdad, se alegra con tus logros y te impulsa a ser mejor.

Yo creo que hombres y mujeres somos diferentes, pero complementarios. Un hombre que se crea superior o que se crea inferior, no puede acompañarte. Conozco muchas mujeres exitosas, que a veces deben “bajar la voz” o quizás simular una actitud “sumisa” para que el hombre no se sienta opacado.

Mujeres que postergaron sus sueños, porque el hombre con el que estaban era conformista.

Es casi una regla matemática, que cuando sos distinta, te cueste más conseguir pareja. Hasta yo misma lo creía, hasta ahora.

Un hombre que te respeta, no te juzga.

Y para finalizar, esta regla indispensable. Cuando hay amor, hay respeto. Desde preguntarte si te molesta la luz hasta dejarte tomar tus propias decisiones.

Un hombre que te respeta, no se siente con el derecho de juzgarte, de cuestionar si estas más flaca, la ropa que vayas a usar, o llamarte ridícula o loca, simplemente por ser espontánea.

Esta historia, se puede repetir, y de hecho que creo que lo hace con todos aquellos que lo creen así, que no se conforman con menos de lo que realmente le haga felices, que corren riesgos.

Estoy aquí, en Australia, a los 2 años de esa noche en el bar, aun creyendo quizás que es un sueño o una película, pero a partir de ahora creyendo, que todo lo bueno llega a uno, si estamos con los brazos abiertos y el corazón predispuesto.

Una atípica fusión entre arte, negocios y emprendedurismo.

Una atípica fusión entre arte, negocios y emprendedurismo.